Si todo fuera tan fácil

Por equipo de redacción Salesianos Alcoy

En la madrugada del sábado, 26 de octubre, al domingo, 27 del mismo mes, se produce uno de los dos cambios horarios que se producen al año. En esta ocasión lo que procede es retrasar una hora, es decir, exactamente a las 3 de la madrugada, todos deberíamos saltar de la cama esquivando el orinal situado de forma estratégica para, de forma ordenada y con mucha paciencia, proceder a retrasar a las 2 la gran cantidad de relojes que nos rodean, a saber: el de la mesita de noche, el reloj de pulsera, el de la cocina, termómetro exterior, comedor y hasta uno pequeño situado en el baño, porque el tiempo siempre es importante, hasta en los momentos más esforzados.

Pero eso quizá no es lo más importante. Puestos a reflexionar, me llama poderosamente la atención la facilidad con que somos capaces de, siguiendo no sé qué supuestos de ahorro energético, ponernos todos de acuerdo para realizar la misma operación repetitiva y pesada de ajustarnos al nuevo horario de invierno. 

Y es que sorprende que en eso todos estemos de acuerdo, entre otras cosas, porque no tenemos más remedio. Logramos por un momento parar el tiempo e incluso hacerlo retroceder. Es como imaginarnos dentro de una máquina del tiempo que nos permite volver atrás para cambiar, mejorar o quizá empeorar algo que hicimos en el pasado.

Qué gesto tan sencillo, tan interesante y tan profundo. Por qué no hacemos retroceder el tiempo de nuestras vidas y cambiar todo aquello que hicimos mal. Por qué no aprendemos de los errores del pasado, por qué no nos ponemos de acuerdo para ahorrar energía y también para hacer un mundo un poco mejor como lección puesta en práctica de lo aprendido la última hora, el último día, la última semana, el último mes o los últimos años…

Cambia la hora de tu corazón, réstale una hora de odios, rencores, perdones no concedidos, abrazos por dar, saludos negados… es hora de cambiar la hora de nuestra vida, ajustar el minutero, poner algo de aceite al engranaje y pasar un paño limpio a la luna de cristal que cubre el mecanismo. Que María Auxiliadora nos ayude a poner en hora nuestro reloj.

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